15 de octubre de 2015

El viento guiará tus pasos

Hace ya algunos años, un verano, asistí a un taller de creatividad, duraba varios días y se desarrollaba en medio de un Parque Natural. Una de entre las muchas actividades interesantes que realizamos fue salir a la naturaleza y escribir lo que en ese momento nos saliese, dejando que fluyese desde dentro, desde la creatividad.

Yo me senté en medio de unas paredes medio derruidas y dejé que surgiesen las palabras que escribía de forma libre, sin pensarlas.







La historia y todos sus personajes tenían que ver, de forma metafórica, con lo que estaba viviendo en ese momento en mi vida y fue de gran utilidad y arrojó mucha luz para mí en ese instante. La creatividad, las metáforas, la conexión con mi interior me da información que sería difícil de conseguir si sólo usase mi parte racional.


Os dejo la historia que escribí y posteriormente la actividad que os propongo.

Estaba entre las ruinas del poblado, allí sentado, contemplando la belleza humilde de la espiga balanceándose con el viento. ¿por qué estaba allí? Se preguntaba una y otra vez.

Aquel poblado en otros tiempos lleno de vida, lleno de guerreros valientes y creativos. El chamán que lo dirigía todo desde su presencia, con sus cánticos transformadores; el jefe de los guerreros, que con su fuerza, su energía contagiaba al resto del grupo. Construir, transformar, sobre todo transformar.

Pero esos eran otros tiempos, la vida lo transforma todo y la muerte trae la vida.

Las piedras que sostenían las ruinas eran sólidas, se intuía la estructura de lo que fue. Sus bases estaban, sí, es verdad. La fuerza de la vida se palpaba. Sueños lejanos, melancolía.

Aquí no se puede vivir, pensó. No había paredes, un tronco negruzco y roído era lo único que quedaba del techo. El guerrero permanecía allí sentado, metido entre las únicas paredes en pie que le acogían, que le abrazaban; mirando al horizonte, a las humildes espigas que se balanceaban con el viento.

Nadie le dijo que fuese el elegido para reconstruir el poblado, los elegidos de otros tiempos no se comunicaron con él ¿por qué esa fuerza que le empujaba? Los dioses tenían algo que decirle.

Pero él estaba allí sentado, abrazado por el único muro que resistía el paso del tiempo.

Las manos de un guerrero no tienen la fuerza suficiente, ni siquiera para mantener lo que queda en pie.

El oráculo se pronunció. Gentes de otros lugares se acercaban, querían sentir la fuerza transmitida, la fuerza experimentada por aquellos que sintieron y se transformaron. Gentes de otros lugares queriendo revivir el pasado.

La fuerza estaba allí, se palpaba, la energía brotaba de cada piedra, de cada rincón. La naturaleza, materialización de los dioses, protegían el lugar.

El guerrero estaba siendo preparado, las señales aparecían, las pruebas del camino estaban siendo superadas.

El dragón negro había sido tranquilizado. El consejo de ancianos daba su conformidad. La hiena supo llegar hasta el punto más doloroso del guerrero, que se tambaleó, pero desde una mirada hacia su interior supo resistir la lucha. El lobo blanco impuso su ley, enseñó sus garras, el guerrero le siguió su juego y el lobo blanco le invitó a sus tierras.

Las ruinas son ruinas, pensó el guerrero, pero el dragón negro apareció con fuerza, desplegando sus alas doradas de las que se desprendían chispitas de fuego, intentó volar más alto, buscó que se le viese desde todos los rincones del poblado, potente, altivo; pero rápidamente tuvo que replegar al darse cuenta, una vez más, que una gruesa cadena de hierro negra le mantenía unido a la piedra más alta del poblado.

El dragón le dijo al guerrero: sube yo te llevaré, el guerrero le gritó protegido entre sus paredes derruidas, yo así no, no te das cuenta que no puedes ir a ninguna parte, hasta que no rompas esas cadenas no serás libre, tienes mucha fuerza y mucha valía pero al querer volar y no poder lo único que haces es revolotear como un pajarillo alrededor de las ruinas pero con la potencia de un dragón y eso dificulta que se asienten otras gentes, que se pueda reconstruir algo nuevo. Conviértete en águila, así la cadena que te ata será más grande que tu cuello y podrás liberarte. Construye humildemente tu nido en una zona del poblado, así serás libre, tendrás la fuerza justa y podrás ser guía sin impedir que otros se unan a nosotros con ideas nuevas, levantaremos nuevas construcciones sobre las bases ya establecidas.

Y el guerrero salió de la protección de los muros derruidos, subió a una gran piedra en lo alto del poblado y divisó con ojos abiertos y libres la exuberante vegetación que protegía las ruinas y el lejano horizonte desde donde llegaban otras gentes y las piedras que quedaban sólidas, bien asentadas y que delimitaban las estancias de las ruinas.

Y se despojó de sus armaduras, de sus ropas y de sus ideas y contempló en silencio, sólo contempló y amoldó su cuerpo a la piedra y escuchó los sonidos, y sintió como la brisa acariciaba su piel y descansó. Abrió sus brazos al sol y la luz le penetró profundamente traspasándole.

Sin protección, los miedos se fueron diluyendo y el aire los alejó.

Y el guerrero comenzó a cantar desde su inspiración y su alma bailó con el sol y los dioses se acercaron y le dijeron: el viento guiará tus pasos.

Y el guerrero dejó su armadura y sus ropas y un fuerte viento se las llevó y caminó seguro y firme sobre las ruinas del poblado.


ACTIVIDAD 14: 


Busca un espacio que te inspire, que te ayude a desarrollar tu creatividad. La Naturaleza suele ser un buen lugar. Lleva papel y bolígrafo o lápices de colores. Conecta contigo, con tu interior, sensaciones, respiración. Escucha el silencio. No tengas prisa, tómate tu tiempo. Deja que de dentro de ti fluya lo que necesitas expresar, bien algo escrito o un dibujo. No busques razonar, juzgar o planificar; simplemente permite que las palabras o los colores vayan apareciendo. Disfruta del proceso.

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